Nepal : sentidos que sucumben a los infinitos estimulos del caos

Son las ocho y media, el olor a café del restaurante del hotel te despertaba.

Abajo me esperaba una linda y modesta decoración, junto a un reponedor desayunono faltaba la cartita con frase motivadora,
siempre sentí curiosidad por el budismo, sin llegar a comprenderlo exactamente, en aquel momento lo comprendí, sonría, está en Nepal.

La voz del guía local interrumpió mis pensamientos y mi absurda sonrisa con la frase de : desayune bien, le espera un día de caminata intenso.


Mis manos se fueron corriendo en busca de la cremallera de la mochila para localizar  la cámara de fotos, al salir por la puerta las risas de unos niños se mezclaban con los saludos de buenos días de la gente, estaba en Katmandú, busando lo que hace mucho había perdido.

La caótica ciudad no evitaba que el aire que se respiraba lograra revitalizar mis pulmones, conforme me  alejaba el paisaje era un tesoro,

una joya de la naturaleza, que estaba a punto de descubrir.

Nagarko es un pueblo Nepalés que queda en el Himalaya donde sus aldeanos viven literalmente “en las nubes”

Había sido un año intenso, me había decidido a retomar viejas aficiones como el yoga, la meditación y la escritura, necesitaba quitar el bloqueo corporal y mental.

Para eso quería recuperar esa sonrisa y ese alma de niña, y eso se notó nada más al llegar, cuando me hacía mucha gracia ver como los pequeños se acercaban a saludarnos, me hubiera quedado jugando con ellos, pero tenía que retomar mi labor escritora y  necesitaba respirar el aire puro de las montañas, pero hay rostros que siempre se quedan grabados, cada vez que los recordaba sentía melancolía o me brotaba una ligera sonrisa.

El transporte no es que fuera confortable precisamente, pero el resultado bien mereció la pena.

había leido que Nepal es uno de los paises más pobres del mundo, quizá en sentido económico,porque en valores y en ganas de compartir es uno considero de los más ricos.

Su elevada altitud hacía que el corazón me latiera más rápido de lo habitual, estaba en un territorio de forma geográfica rectanglar, y para colmo situado entre  dos gigantes, la India al sur y China al norte, lo que me obligaba a pensar en volver.

Quería visitar la parte norte, formada por la elevaciones del Himalaya.

No podía irme la primera vez de Nepal sin contemplar esas vistas, sin agotarme mi cuerpo mental y físicamente, quería aprender a controlar todo aquello que me había estado impidiendo escribir, que mis ideas cambiaran, ver que el dolor no es opcional, pero el tiempo que dejas que permanezca depende de tí.

Así que que a pesar de mis rodillas lesionadas por las pijas rutinas de máquinas de gimnasio y mi baja densidad ósea , estaba ahí, respirando el aire puro de esas montañas,quemando malas sensaciones al compas del viento que agitaba esas curiosas banderas.

Son muchos los viajeros que como yo deciden llegar a Nepal atraidos por el Himalaya, ya que es una manera mucho más sencilla de apróximarse a los ocho mil metros de altura de sus montañas sin tener que pasar por la burocracia china que los descubre por Tibet.

Un primer contacto con este lugar tan contradictorio de calma en sus montañas y caos en su capital que me invita a volver, pues la visita al Valle de Pokhara queda pendiente, estaba claro que viendo películas como Katmandú un espejo en el cielo se puede captar la esencia de un lugar, entender la complejidad social, la figura de la mujer, de los niños, incluso el tremendo choque mental que ciertas situaciones pueden provocar en tu mente, imagenes que se quedan grabadas en tus retinas por su belleza o su dureza,  y es que hay lugares que brillan por la ausencia de muchas cosas, pero son ricos en algo tan valioso como los valores humanos, el saber conversar, compartir, atender bien a esas personas interesadas en conocer su cultura,  lugares, religión, hasta hize mis pinitos con el nepalí, y es que no hay nada mejor que  envolverte en sus calles y aprender alguna palabreja al quedarte un rato disftrutando de los más pequeños y que te cuenten su día  a día , creo que sobre eso es que  a  la vuelta volveré a escribir,  por un momento, por unos días, sientes que estás viviendo tu pelicula, que eres esa profesora loca que quiere cambiar la figura y la suerte de esos niños , y no te das cuenta de que así viven, de que así siempre se esfuerzan por darte todo lo mejor de ellos.

¿ habrá viajes más enriquecedores ? los hay, y hay muchos destinos así, que hacen que un viaje, no sea ese ya explotado y segmentado turismo de sol y playa, son un libro por editar, una historia que vivir, que luego compartirás, y que a todos le servirá.

Valle de Pokhara

Son las ocho y media,

suena el despertador,

abro los ojos,

no estoy en Nepal,

nunca he estado,

quizá alguna vez la suerte me lleve allí,

y reviva esta historia,

ahora,

toca una ducha,

desayuno,

y ponerse a trabajar.

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2 pensamientos en “Nepal : sentidos que sucumben a los infinitos estimulos del caos

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